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La historia de los nuevos reyes de Holanda
Con la abdicación de la reina Beatriz, la corona holandesa hace frente al inicio de una nueva etapa, que tendrá como principales protagonistas al príncipe Guillermo y a su esposa, Máxima Zorreguieta, nuevos reyes de Holanda.
¿Sabíais que la pareja se conoció en nuestro país? Fue concretamente en la ciudad de Sevilla donde Guillermo y Máxima se vieron por primera vez, si bien su amor surgió y se consolidó en Nueva York, ciudad en la que la argentina trabajaba como agente de inversiones. La pedida de mano se produjo mientras patinaban sobre el lago del palacio de Huis Ten Bosch. Guillermo, con un anillo y unas rosas, le hizo la esperada pregunta. “Nunca voy a encontrar a alguien al que quiera tanto y que esté tan enamorado de mí”, aseguraba ella. El 30 de marzo de 2001 se hacía oficial el compromiso, creando gran polémica debido a que el padre de Máxima, Jorge Horacio Zorreguieta Stefanini, fue miembro civil del régimen del dictador argentino Jorge Videla.
El 2 de febrero de 2002, y con la ausencia de los progenitores de la joven por petición del primer ministro holandés, Guillermo y Máxima se convertían en marido y mujer. Ámsterdam y Holanda en general se volcaron con el enlace, pues hacía 163 años que no se casaba un príncipe heredero. “Un cuento de hadas”, así calificaba la sociedad holandesa lo vivido durante aquel dos de febrero, jornada en la que los novios se dieron el “sí, quiero”, primero en una ceremonia civil celebrada en la Bolsa de Ámsterdam y después en un acto religioso que tuvo lugar en la iglesia Nieuwe Kerk de la misma ciudad.
Máxima lució un sencillo y elegante vestido de Valentino, adornado con velo de tul de seda con detalles florales bordados prendido al cabello por una tiara perteneciente a su suegra, pendientes de hilo de brillantes con una lágrima de diamante, su anillo de compromiso –en el que destacaba un gran diamante naranja- y un ramo con tulipanes, lirios blancos, rosas y gardenias. Convertida en princesa de Orange Nassau, Máxima no pudo reprimir las lágrimas durante el enlace, en el que no pasó desapercibido el “te quiero” dicho por Guillermo fuera del protocolo. Una gran carroza laminada en oro les esperaba a la salida del templo para recorrer las principales calles de la ciudad antes de acudir al balcón del palacio para saludar a los presentes.
Una estampa que recordaba mucho a la protagonizada el 10 de marzo de 1966 por la reina Beatriz y Claus von Amsberg. Éste no es el único punto en común de ambos matrimonios, ya que la relación de Beatriz y Claus no fue aceptada en un principio por la reina Juliana y el príncipe Bernardo de Lippe. Tras una huelga de hambre de varios días, Beatriz y Claus consiguieron el permiso de los monarcas holandeses, siendo la primera reina del país en no casarse con un príncipe.


