Una wedding planer que arriesga: El sueño secreto

16 noviembre, 2017

Teresa Cantos es una amante de las fiestas en las que se cuida hasta el más mínimo detalle. Descubrió que quería ser wedding planner en la boda de un amigo, en la que se dio cuenta que gran parte de estas celebraciones son prácticamente iguales. Quiso ofrecer a la organización de una boda diferente, “diferente de las de verdad, de las de arriesgarse con todo, de montar auténticas verbenas, de las de casarte en sitios imposibles y darle la vuelta a cualquier protocolo estipulado para bodas”, aclara. Apuntad bien este nombre: El sueño secreto, porque será la empresa que quieras que diseñe el día más especial de tu vida.

– ¿Qué es lo que más te satisface de lo que haces?

Lo que más me satisface es tener novios disfrutones. Este tipo de parejas son esas que disfrutan mucho de los preparativos y están abiertos a cualquier cosa que les propongas: ellos confían en mí y en mi criterio. Son esos novios que los ves el día de la boda con cara de felicidad y se dejan llevar por ese sentimiento. Esos novios que disfrutan el uno del otro, de esos ratitos de fotos y de intimidad. De los que dan besos sin parar y bailan desde el principio. Me vuelven loca esos novios a los que se les va de las manos el cóctel haciendo un baile sin prepararlo. ¡Es genial cuando los ves disfrutar de su felicidad!

– ¿Por qué deben contar los novios con la figura de un wedding planner que le ayude en la organización de la boda?

Para obtener tranquilidad. Tener un wedding planner es cumplir expectativas, decoraciones complicadas, terminar muy tarde la noche anterior y al día siguiente levantarte a las 5 de la mañana, recoger flores y ramos de última hora, atender a familiares, estar atentos de autobuses, de que nadie se pierda, de que tanto floristas como catering como cualquier otro proveedor lo deja todo como los novios lo tienen diseñado, atender veinte mil veces el teléfono…. Todo esto no lo puede hacer un hermano/a, ni una amiga/o, ni un catering, ni un florista, ni un encargado de protocolo por mucho que se empeñen… Esto solamente lo hace una persona que esté contigo de principio a fin, y sepa resolver cualquier imprevisto ese día. Y es que todos necesitamos ayuda para dar forma a todo lo que tenemos en la cabeza.

– Cuéntanos algo curiosa que te haya pasado en alguna boda.

En las propias bodas nos ha pasado de todo, tanto bueno como malo. Lo que más recuerdo de las de este 2017 son todos los tropezones, golpes y caídas que me he pegado yo para que ningún niño, novia o madrina se lo pegase.

– ¿Cuáles son las tendencias más top para esta nueva temporada de bodas?

Sin duda alguna los platos pintados a mano como los de Graciela Amor al Plato, ¡son una opción muy bonita para regalar!

– ¿Cuál es tu moda favorita?

Adoro las luces de verbena, las noches de verano, las mesas desnudas y los rincones de postres a lo  grande.

– ¿Qué debería evitar la novia/novio durante el día de la boda?

Mi mejor consejo como wedding planer y como novia es que disfruten el uno con el otro. Que eviten los compromisos familiares y solo inviten a gente con quien compartan su día a día, ya que si ocurre algo se sentirán como en casa y la actitud será siempre muy positiva.

– ¿En qué te inspiras a la hora de decorar?

Sobre todo en el lugar donde se celebre la boda, ya que intentamos adaptar la naturaleza del sitio con lo que los novios quieren. Llegamos a crear algo bonito sin que quede despegado, es decir, que todo quede integrado.

Nos encantó que Teresa nos contase la historia de su boda: la organización, todos sus sentimientos, y lo que se escondía detrás de cada detalle en el momento más especial de su vida. Todas las imágenes son del día en el que dio el “Sí, quiero” con el hombre de su vida. ¡Esperamos que disfrutéis de estas líneas!

“Desde que mi marido me pidió matrimonio el 14 de febrero de 2016, el cómo y dónde se iba a celebrar nuestra boda se convirtió en un monotema. Teníamos muchas decisiones que tomar, pero lo que teníamos claro es que todo tendría que ver con nosotros. La fecha fue el 3 de diciembre, ya que no nos importa no tener vacaciones de verano, pero ese puente es siempre nuestro; el número de invitados reducido, los proveedores que serían mis amigos y compañeros de profesión, y, por último, nuestras alianzas fueron muy especiales: nos hicimos unos tatuajes, ya que no somos de joyas.

La manera en la que se iba a desarrollar toda la boda tenía que ser de lo más natural, ya que Jose y yo vivimos juntos desde hace 4 años. Quisimos vestirnos los dos solos en nuestro propio piso, aunque separados por paredes por las cuales oía sus susurros, sus risas nerviosas y su olor por el pasillo: todo eso mientras me esperaba. Queríamos vernos a solas, simplemente dejándonos llevar por nosotros, sin ningún tipo de presión.

El sitio donde celebramos la boda me trajo algún que otro quebradero de cabeza, ya que sabía que había que trabajar muy duro para conseguirlo. La nave donde se desarrolló se convirtió en mi reto y mi ilusión, ya que era una antigua granja. Uno de los momentos que recuerdo con más nervios  fue descubrir la decoración y toda la magia que nos iba a envolver ese día. Para los invitados fue sorpresa el lugar, y nosotros quisimos esperar dentro y con un golpe de música abrir las puertas para recibirlos. Emoción, abrazos, besos, vermut y muchas risas sucedieron a partir de ese momento.

Eucalipto colgado de columpios, muérdago repartido por todas las mesas, luces de verbena, mezcla de sillas y manteles, el regalo de unos platos pintados a mano, comida muy tradicional y calentita y mucho rock fueron los protagonistas. Asimismo, sabía con quién tenía que contar en todo momento, y no dudé, simplemente me dejé llevar y lo hice. Todo gracias a mi familia, a mi marido, mi wedding planner y todos esos proveedores que vinieron también en calidad de amigos”.

Fotos: Pablo Laguia